“#EnQuéEstamos

Diarios de una auxiliar de enfermería en la pandemia: Diana Arango Acevedo

Por: Néstor Rueda Rueda comunicacionesces@ces.edu.co

 “¿Cómo te fue, ma’?, ¿qué te tocó hacer?, ¿cuántos pacientes viste?, ¿estaban muy malucos?, ¿cómo se llamaban?, ¿hablaron por celular con la casa?, ¿qué dijeron?, ¿cómo te sentiste?”.

El interrogatorio se lo responde Diana Marcela Arango Acevedo a su hija Ana Sofía Mesa, de 7 años. La niña, al verla cruzar por la puerta de la casa, pide su recuento diario del día, el segundo que tendrá que hacer después de la historia clínica que dejó consignada al terminar su turno.

Diana Marcela tiene 33 años, está casada hace 8 con el terapeuta respiratorio Jorge Andrés Mesa Saldarriaga y es madre de Ana Sofía, la de las preguntas. Nació en Bogotá, pero su familia llegó a Medellín cuando ella apenas cumplía 3 años. Es la mayor de 3 hermanos y según ella, también la más consentida.

Soy alguien muy formal, estricta con mi trabajo porque soy organizada y detesto el desorden, y también la grosería. Me gusta ser alguien que ríe mucho, lo que pasa es que lo hago muy duro y mi jefe me dice ‘Ey, Diana, estamos en intensivos, bájale un poquito’, a mí a veces se me olvida, lo admito”, dice.

Estudió en el Instituto Marco Fidel Suárez, y apenas con la mayoría de edad empezó en el trabajo que la tiene hoy en los pasillos de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de la Clínica CES de Medellín, para atender pacientes diagnosticados con COVID-19.

Diario de las llamadas

“¿Hablaron con los de la casa?”, pregunta Ana Sofía a Diana. Ella le dice que sí, pero no le cuenta que algunos rechazaron la llamada porque no querían que los vieran enfermos o hubo otros que por su estado aún no podían hablar. Desde que empezaron a llegar pacientes con COVID-19 a la UCI de la Clínica CES las visitas y compañías de los familiares se restringieron, y a Diana le empezaron a gustar más los celulares que los televisores.

Vea, cambiemos ese canal que en las noticias no hay nada bueno, mejor marquemos a su casa; ¿no quiere llamar? Llamemos que ellos le dan ánimos y para que sepan que usted está bien, que se está recuperando”, la auxiliar le insiste al paciente, porque sabe que esa llamada puede aliviar la soledad que se suele llenar con la voz de un presentador en el televisor.

Diana también interroga a los pacientes en voz alta cada vez que ingresa a los cubículos, para que las mascarillas y la careta que lleva puestas por bioseguridad no le limiten la comunicación. Así ayuda para que bajen la guardia, para escucharlos y conocerlos. Recordarles que estar ahí no es sinónimo de muerte.

Por eso los anima mientras cumple su rutina de revisión: “¿Qué más?, ¿cómo está?, soy Diana, soy auxiliar y usted va a estar conmigo todo el día, entonces dígame lo que quiera… ¿Usted tiene hijos?, ¿cuántos?, ¿qué edad tienen?, Yo sí tengo una, tiene 7 años… Vea saquémosle gusto a esto que ya casi se puede ir, usted estuvo muy mal pero ya está recuperado”, les dice.  

 

Diario de las transformaciones

¿Qué te tocó hacer, ma’?, pregunta Ana Sofía. Diana siempre ha estado en UCI, es su ambiente laboral desde los 18 años, y lo prefiere sobre hospitalización, urgencias o cirugía (especialmente cirugía). Le gusta la adrenalina, el “esto es para ya”, la agitación de un lugar hoy tiene 30 camas de UCI, el triple de las que habían antes de la pandemia.

Las primeras novedades para su trabajo en tiempos de COVID-19 vinieron de cuenta de los horarios. Es más largo el tiempo entre protocolos para vestirse y trabajar. Pero no solo son los 20 minutos extras para cambiarse y ponerse el traje de bioseguridad que las hace ver como miembros de un equipo espacial. A eso se suma la limpieza detallada, los baños después de las jornadas y el número de pacientes que crece.

En este momento son 20 las auxiliares de enfermería asignadas en toda la Unidad de Cuidados Intensivos que se reparten en turnos de 12 horas diarias, 4 días de la semana. Usualmente una auxiliar debe atender 2 pacientes por turno, pero si surge alguna urgencia por disponibilidad (un contagio entre el personal de salud, por ejemplo) ese número puede aumentar. Y aunque Diana sienta el cansancio, mire la hora y le incomode un poco el traje, aún sonríe detrás del tapabocas y no deja que el agotamiento le quiebre la voz.

Diario de los decesos

¿Y estaban muy malucos, ma’?, pregunta Ana Sofía. Diana sabe que hay algunos que sí lo están, que no logran superar la enfermedad y mueren, usualmente a causa de sus comorbilidades.  

Entre los nuevos requisitos del protocolo diario de una auxiliar está el embalaje de los pacientes que fallecen. Al embalarlos hay que envolverlos en una bolsa para sellar el cuerpo y entregarlo al servicio funerario, una escena que se torna dolorosa para el personal de salud y las familias de las víctimas del coronavirus.

Nosotros optamos por dejar pasar a dos acompañantes mínimo a que vean a su familiar ya fallecido, no desde el interior de la sala, sino afuera, detrás del cubículo. Esto les ha entregado calma porque es la parte más dura y es que algunos reprochaban que los trajeran bien, casi hablando, y después se los entreguen sin poderlos reconocer siquiera”, relata.  

Diana y todas las auxiliares de enfermería llenan sus diarios con acontecimientos que no pasan a una historia clínica, como las lágrimas por el primer paciente que vieron morir, las llamadas alegres o tristes, el calor de un traje de bioseguridad y el miedo al contacto con sus familiares al regresar a casa. Todo esto está más allá de las novedades médicas, los recuentos de medicamentos, material y signos. Y pertenece a la orilla familiar y cotidiana que empieza con cada cambio de turno.

Así como Diana, todo el personal de salud tiene un recuento que hacer, una voz que los quiere escuchar al final del día, y comprobar que siguen bien, que pueden sonreír, que en el rostro se notan las horas de trabajo, pero que están en casa, entregando su reporte y con la confianza en que su trabajo ayuda a repetir llamadas y escenas donde la vida se confirma y se resguarda.

Comparte esta información:

2 Responses

  1. Inés Saldarriaga Echavarria dice:

    Maravillosa esta entrevista, me encantó, ella siempre ha sido muy sincera, honesta y ama lo que hace

  2. Robi Nelson Fernández Gallego dice:

    Son esas personas que tras de una profesión que escogieron son unos maravillosos seres humanos que entregan toda su vida ayudando a los demás y que por muy dura que sea la jornada siempre una bella sonrisa las acompaña, la familia son el motor para superar todo los obstáculos y servir con amor a los de más por que cada hijo quiere parecerse a su padre o madre y hay que dar el mejor ejemplo, Dios Bendiga sus manos y su carisma de servir.

Deja un comentario